26 de noviembre de 2016

Cumpleaño Feliz

Ayer 25 de Noviembre fue mi cumpleaños, los amigos cercanos y aquellos “amigos” desconocidos del universo virtual me deseaban un “pásalo rico”, y algunos me preguntaban que qué tal la pasaba (confieso que me causa mucha curiosidad este fenómeno de la realidad virtual), de igual modo, lo agradecí infinitamente porque al fin y al cabo son gestos de buena voluntad y cariño.

Teniendo buena salud, tres hijos maravillosos, unos padres más viejitos pero sanos dentro de lo que el calendario permite, un marido amoroso, leal, mejor padre y amigo, más las tres comidas aseguradas, uno no puede decir otra cosa sino que lo está pasando bomba, estelar, mejor imposible, para tirar cohetes pues, pero como soy la eterna inconforme en cuanto al estado actual de las cosas en mi país, tengo que decir que sí, que soy afortunada por todos los haberes que me ha dado la vida, pero que ese dolor de alma que arrastro por lo que nos sucede a los venezolanos me sitúa en un territorio agridulce.

Es un duelo que no termino de resolver porque no está dentro de mí sino ahí fuera mordiendo con más fuerza cada día viendo como la desintegración de Venezuela se hace más cruenta, rodeada de gente humillada comiendo de la basura, de enfermos muriendo de mengua por falta de medicinas básicas, siendo víctima del hampa desatada que cobra vidas de a por miles, viendo con angustia los cientos de perros abandonados por sus dueños porque no tienen como alimentarlos, siendo testigo y parte de muchos, muchísimos venezolanos que han visto sus sueños hechos añicos, resintiendo ser parte de esta nueva modalidad de familia desperdigada por el mundo a merced de Skype para no olvidar sus caras, palpando la desesperanza que campea en los corazones de la mayoría. Ese dolor, ese desasosiego, esa rabia, esa gran arrechera no se me quita y no se me va a quitar nunca porque los vidrios rotos ya no se pueden pegar, no habrá perdón para aquellos que, directa e indirectamente, han aniquilado éste país.

Sí, celebré mi cumpleaños y, entre muchas bondades y una rica torta de chocolate, el último bocado se lo ofrecí en silencio a aquellos que lo han perdido todo por culpa del maldito socialismo del siglo XXI

9 de octubre de 2016

De Caracas a Nueva York rumiando sobre El Sistema

Tengo varios días tratando de ponerme en el zapato de todos los involucrados en esta historia, y está peludo.

 Llegué al aeropuerto de Maiquetía el lunes pasado en la mañana, tomaría el vuelo de Avianca a NY vía Bogotá.  En la fila frente al mostrador estaba un grupo aproximado de 15 muchachos con sus instrumentos, como la música es mi oficio predilecto no aguanté la curiosidad y les pregunté dónde iban a tocar, uno me respondió, -somos del Sistema y vamos a tocar en el Carnegie Hall en Nueva York,- Ahh! Qué bien, -¿Y quién los va a dirigir? –Gustavo,   -ahh, qué bueno. Ahí comenzó mi hígado a avinagrarse.

Como un relámpago, lo que me vino a la mente fue la conversación que tuve con mi amigo “L” precisamente el día anterior al viaje. “L” es mi amigo músico que, por cierto, es profesor de los niños de “El sistema” en Guatire. “L” es un pianista de esos que brillan a mil kilómetros de distancia, un muchacho que de tener oportunidad sería un “rockstar” del piano clásico y jazzístico, ha ganado premios de composición dentro y fuera del país y que quiso viajar en Junio pasado a un concurso internacional al que fue invitado a participar pero luego de mucho bregar en las oficinas públicas no consiguió patrocinio y no pudo asistir, es decir, no asistió él, no asistió Venezuela pues. Todo eso me lo contó con una profunda frustración y tristeza, por supuesto también conversamos sobre las penurias para conseguir alimentos, medicinas, repuestos, en fin, todas esas dificultades que son las mismas de los que vivimos en esta tierra arrasada por el despropósito.  Al terminar la visita telefónica no pude retener las lágrimas.

Y llegamos a Bogotá y se bajaban del avión los muchachos del Sistema con sus instrumentos al hombro, y yo ahí, rumiando mis sentimientos encontrados, pensando en éstos músicos que evidentemente tienen trato preferencial en nuestra sociedad hoy hambrienta y desintegrada.  ¡Qué bueno que estos jóvenes tienen la oportunidad de llevar la música al mundo entero!, pero no hay dinero para pagar a los jubilados ¡Qué maravilla que estos muchachos pueden desarrollarse profesionalmente!, pero mi pana no consiguió un centavo para viajar a su concurso, ¡Qué orgullo que estos talentos pueden decirle al mundo que son venezolanos!, pero Venezuela se cae a pedazos, no hay alimentos, no hay leche para los recién nacidos, no hay con que pagarle a los maestros, no hay medicinas para los enfermos de cáncer, no hay medicinas psiquiátricas, no hay nada y lo que hay cuesta millones, estamos en una grave crisis humanitaria, la gente, literalmente, se está muriendo de hambre, de mengua y de bala, los venezolanos hoy son zombies que comen de los basureros, pero ¡qué maravilla! Gustavo los va a dirigir. En el Carnegie Hall.

Ya en Nueva York esperado las maletas no me pude aguantar más. -Pana, dime algo, ¿Y quién paga por el viaje de ustedes? Bueno, eso lo paga una compañía de managers internacional (o algo así le entendí) que está en Londres, -Ahhh, que está en Londres, respondí, -y me imagino que fondeada con dinero venezolano, le pregunté.  La respuesta del joven músico fue inentendible, me quedé esperando por una respuesta clara y convincente.

Ojalá alguien me dijera que sí, que ese viaje y tantos otros no salen de las arcas quebradas del Estado venezolano. Pero no, Gustavo ha hecho un buen trabajo como propagandista del régimen y eso se lo pagan bien.  
De verdad que quisiera que alguien me asegurara que ese dinero con que estos chicos viajan no sale de la medicina del cáncer que los niños no recibieron, o de la lata de leche que el bebé no pudo recibir, o de las medicinas que no llegan a los pacientes de los hospitales psiquiátricos del país… Estoy esperando que alguien me diga. 

Ayer me sorprendí cuando veo en el New York Times un artículo de Zachary Woolfe en donde dice algo que siempre he pensado y defendido
“La clave para los oyentes contemporáneos es mantener no sólo nuestros oídos abiertos, sino también nuestros ojos.  No hay tal cosa como la cultura apolítica” 


(negrillas mías)

12 de agosto de 2014

¿Por qué el odio a Israel?


Esta es una crónica de la periodista española Pilar Rahola que publicó el portal Ideas de Babel en agosto de 2013. Rahola, como periodista, cubrió la primera guerra del Golfo desde Jerusalem.

Lunes por la noche, en Barcelona. En el restaurante, un centenar de abogados y jueces. Se han reunido para oír mis opiniones sobre el conflicto de Oriente Medio. Saben que soy un barco heterodoxo, en el naufragio del pensamiento único que impera en mi país, sobre Israel. Quieren escucharme. Alguien razonable como yo, dicen, ¿por qué se arriesga a perder la credibilidad, defendiendo a los malos, a los culpables? Les digo que la verdad es un espejo roto, y que todos tenemos algún fragmento. Y provoco su reacción: “todos ustedes se creen expertos en política internacional, cuando hablan de Israel, pero en realidad no saben nada. ¿Se atreverían a hablar del conflicto de Ruanda, de Cachemira, de Chechenia?”. No. Son juristas: su terreno no es la geopolítica. Pero con Israel se atreven. Se atreve todo el mundo. ¿Por qué? Porque Israel está bajo la permanente lupa mediática y su imagen distorsionada, contamina los cerebros del mundo. Y, porque forma parte de lo políticamente correcto, porque parece solidario, porque sale gratis hablar contra Israel. Y así, personas cultas, cuando leen sobre Israel están dispuestas a creerse que los judíos tienen seis brazos, como en la Edad Media creían todo tipo de barbaridades. Sobre los judíos de antaño y los israelíes de hoy, todo vale.

La primera pregunta, pues, es por qué tanta gente inteligente, cuando habla sobre Israel, se vuelve idiota. El problema que tenemos quienes no demonizamos a Israel, es que no existe el debate sobre el conflicto, existe la pancarta; no nos cruzamos ideas, nos pegamos con consignas; no gozamos de informaciones serias, sufrimos periodismo de hamburguesa, fast food, lleno de prejuicios, propaganda y simplismo. El pensamiento intelectual y el periodismo internacional, ha dimitido en Israel. No existe. Es por ello que cuando se intenta ir más allá del pensamiento único, pasa a ser sospechoso, insolidario y reaccionario, y es inmediatamente segregado. ¿Por qué?

Hace años que intento responder a esta pregunta: ¿por qué? ¿Por qué de todos los conflictos del mundo, solo interesa éste? ¿Por qué se criminaliza un pequeño país, que lucha por su supervivencia? ¿Por qué triunfa la mentira y la manipulación informativa, con tanta facilidad? ¿Por qué todo es reducido a una simple masa de imperialistas asesinos? ¿Por qué las razones de Israel nunca existen? ¿Por qué nunca existen culpas palestinas? ¿Por qué Arafat es un héroe, y Sharon un monstruo? En definitiva, ¿por qué, siendo el único país del mundo amenazado con la destrucción, es el único al que nadie considera víctima?

No creo que exista una única respuesta a estas preguntas. Al igual que es imposible explicar completamente la maldad histórica del antisemitismo, tampoco resulta posible explicar la imbecilidad actual del antiisraelismo. Ambas beben de las fuentes de la intolerancia, la mentira y el prejuicio. Si, además, aceptamos que el antiisraelismo es la nueva forma de antisemitismo, concluimos que han cambiado las contingencias, pero se mantienen intactos los mitos más profundos, tanto del antisemitismo cristiano medieval, como del antisemitismo político moderno. Y esos mitos han desembocado en el relato sobre Israel. Por ejemplo, el judío medieval que mataba niños cristianos para beber su sangre, conecta directamente con el judío israelí que mata niños palestinos, para quedarse sus tierras. Siempre son niños inocentes y judíos oscuros. Por ejemplo, los banqueros judíos que querían dominar el mundo a través de la banca europea, según el mito de los Protocolos, conecta directamente con la idea de que los judíos de Wall Street dominan el mundo a través de la Casa Blanca. El dominio de la prensa, el dominio de las finanzas, la conspiración universal, todo aquello que configuró el odio histórico contra los judíos, desemboca hoy en el odio a los israelíes. En el subconsciente, pues, late el ADN antisemita occidental, que crea un eficaz caldo de cultivo. Pero, ¿qué late en el consciente? ¿Por qué hoy surge con tanta virulencia una renovada intolerancia, ahora centrada, no en el pueblo judío, sino en el Estado judío? Desde mi punto de vista, ello tiene motivos históricos y geopolíticos, entre otros el cruento papel soviético durante décadas, los intereses árabes, el antinorteamericanismo europeo, la dependencia energética de Occidente y el creciente fenómeno islámico.

Pero también surge de un conjunto de derrotas que sufrimos como sociedades libres y que desemboca en un fuerte relativismo ético.

Derrota moral de la izquierda. Durante décadas, la izquierda levantó la bandera de la libertad, allí donde existía la injusticia, y fue la depositaria de las esperanzas utópicas de la sociedad. Fue la gran constructora de futuro. A pesar de que la maldad asesina del estalinismo hundió esas utopías y dejó a la izquierda como el rey desnudo, despojada de atuendos, ha conservado intacta su aureola de lucha, y aún marca las pautas de los buenos y los malos del mundo. Incluso aquellos que nunca votarían posiciones de izquierdas, otorgan un gran prestigio a los intelectuales de izquierdas, y permiten que sean ellos los que monopolicen el concepto de solidaridad.

También hoy, como ayer, esa izquierda perdona ideologías totalitarias, se enamora de dictadores y, en su ofensiva contra Israel, ignora la destrucción de derechos fundamentales. Odia a los rabinos, pero se enamora de los imanes; grita contra el Tzahal (ejército israelí), pero aplaude a los terroristas de Hamás; llora por las víctimas palestinas, pero desprecia a las víctimas judías; y cuando se conmueve por los niños palestinos, solo lo hace si puede culpar a los israelíes. Nunca denunciará la cultura del odio, o su preparación para la muerte, o la esclavitud que sufren sus madres. Y mientras alza la bandera de Palestina, quema la bandera de Israel. Hace un año, en el Congreso de AIPAC en Washington, hice las siguientes preguntas: “¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda de su compromiso moral? ¿Por qué no vemos manifestaciones en París o en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas? ¿Por qué no hay manifestaciones en contra de la esclavitud de millones de mujeres musulmanas? ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños bombas, en los conflictos donde el Islam está implicado? … Porque la izquierda que soñó utopías ha dejado de soñar, quebrada en el Muro de Berlín de su propio fracaso. Ya no tiene ideas, sino consignas. Ya no defiende derechos, sino prejuicios. Y el mayor prejuicio de todos es el que tiene contra Israel. Acuso, pues, de forma clara: la principal responsabilidad del nuevo odio antisemita, disfrazado de antiisraelismo, proviene de aquellos que tendrían que defender la libertad, la solidaridad y el progreso. Lejos de ello, defienden a déspotas, olvidan a sus víctimas y callan ante las ideologías medievales que quieren destruir la civilización. La traición de la izquierda es una auténtica traición a la modernidad.

Derrota del periodismo. Tenemos un mundo más informado que nunca, pero no tenemos un mundo mejor informado. Al contrario, las autopistas de la información nos conectan con cualquier punto del planeta, pero no nos conectan ni con la verdad ni con los hechos. Los periodistas actuales no necesitan mapas, porqué tienen Google Earth, no necesitan saber historia, porqué tienen Wikipedia. Los históricos periodistas que conocían las raíces de un conflicto, aún existen, pero son una especie en vías de extinción, devorados por este periodismo de hamburguesa que ofrece noticias fast-food, a lectores que desean información fast-food. Israel es el lugar del mundo más vigilado y, sin embargo, el lugar del mundo menos comprendido. Por supuesto, también influye la presión de los grandes lobbys del petrodólar, cuya influencia en el periodismo es sutil pero profunda. Cualquier mass media sabe que si habla contra Israel, no tendrá problemas. Pero ¿qué ocurrirá si critica a un país islámico? Sin duda, entonces, se complicará la vida. No nos confundamos. Parte de la prensa que escribe contra Israel, se vería reflejada en una aguda frase de Goethe: “nadie es más esclavo que el que se tiene por libre, sin serlo”. O también en otra, más cínica, de Mark Twain: “Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”.

Derrota del pensamiento crítico. A todo ello, cabe sumar el relativismo ético que define el momento actual, y que se basa, no en la negación de los valores de la civilización, sino en su banalización. ¿Qué es la modernidad? Personalmente lo explico con este pequeño relato: si me perdiera en una isla desierta, y quisiera volver a fundar una sociedad democrática, solo necesitaría tres libros: las Tablas de la Ley, que establecieron el primer código de la modernidad. “El no matarás, no robarás,…” fundó la civilización moderna. El código penal romano. Y la Carta de Derechos Humanos. Y con estos tres textos, volveríamos a empezar. Estos principios, que nos avalan como sociedad, son relativizados, incluso por aquellos que dicen defenderlos. “No matarás”…, depende de quien sea el objetivo…, piensan aquellos que, por ejemplo en Barcelona, se manifestaron con gritos a favor de Hamás. “Vivan los derechos humanos”…, depende de a quien se aplican, y por ello no preocupan millones de mujeres esclavas. “No mentirás”…, depende de si la información es un arma de guerra a favor de una causa. La masa crítica social se ha adelgazado y, al mismo tiempo, ha engordado el dogmatismo ideológico. En ese doble viraje, los valores fuertes de la modernidad han sido substituidos por un pensamiento débil, vulnerable a la manipulación y al maniqueísmo.

Derrota de la ONU. Y con ella, una rotunda derrota de los organismos internacionales que deben velar por los derechos humanos, y que se han convertido en muñecos rotos en manos de déspotas. La ONU solo sirve para que islamofascistas como Ahmadineyad, tengan un altavoz planetario desde donde escupir su odio. Y, por supuesto, para atacar sistemáticamente a Israel. También contra Israel, la ONU vive mejor.

Finalmente, derrota del Islam. El Islam de las luces sufre hoy el violento ataque de un virus totalitario que intenta frenar su desarrollo ético. Este virus usa el nombre de Dios para perpetrar los horrores más inimaginables: lapidar mujeres, esclavizarlas, usar embarazadas y jóvenes con retraso mental como bombas humanas, adiestrar en el odio, y declarar la guerra a la libertad. No olvidemos, por ejemplo, que nos matan con móviles vía satélite conectados… con la Edad Media…

Si el estalinismo destruyó a la izquierda, y el nazismo destruyó a Europa, el fundamentalismo islámico está destruyendo al Islam. Y también tiene, como las otras ideologías totalitarias, un ADN antisemita. Quizás el antisemitismo islámico es el fenómeno intolerante más serio de la actualidad, no en vano afecta a más de 1.300 millones de personas educadas, masivamente, en el odio al judío.

En la encrucijada de estas derrotas se encuentra Israel. Huérfano de una izquierda razonable, huérfano de un periodismo serio y de una ONU digna, y huérfano de un Islam tolerante, Israel sufre el violento paradigma del siglo XXI: la falta de compromiso sólido con los valores de la libertad. Nada resulta extraño. La cultura judía encarna, como ninguna, la metáfora de un concepto de civilización que hoy sufre ataques por todos los flancos. Ustedes son el termómetro de la salud del mundo. Siempre que el mundo ha tenido fiebre totalitaria, ustedes han sufrido. En la Edad Media española, en las persecuciones cristianas, en los progroms rusos, en el fascismo europeo, en el fundamentalismo islámico. Siempre, el primer enemigo del totalitarismo ha sido el judío. Y en estos tiempos de dependencia energética y desconcierto social, Israel encarna, en propia carne, al judío de siempre.

Una nación paria entre las naciones, para un pueblo paria entre los pueblos. Es por ello que el antisemitismo del siglo XXI se ha vestido con el eficaz disfraz del antiisraelismo. ¿Toda la crítica contra Israel es antisemita? No. Pero, todo el antisemitismo actual se ha volcado en el prejuicio y la demonización contra el Estado judío. Un nuevo vestido para un viejo odio.

Dijo Benjamin Franklin: “donde mora la libertad, allí está mi patria”. Y añadió Albert Einstein: “la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Este es el doble compromiso aquí y hoy: no sentarse nunca a ver pasar el mal y defender siempre las patrias de la libertad.
Gracias.


22 de marzo de 2014

Dudamel, el cándido


por Eduardo Fuenmayor

El jueves 20 de marzo Gustavo Dudamel visitó Montreal junto a la Orquesta Filarmónica de los Ángeles, de la cual es director titular. La Presse ya había anunciado que no concedería entrevistas durante su estadía en la ciudad, lo cual no es de extrañar. Este último mes, la luz de los reflectores se ha visto opacada por el descontento de exiliados venezolanos que se reúnen para reclamarle a este prodigio de la música por su silencio cómplice con los abusos del chavismo y por haberse prestado para dirigir una serie de conciertos que se realizaron en Venezuela en medio de la brutal represión que el gobierno del presidente Nicolás Maduro ha ejercido contra las protests opositoras. A ojos de la oposición, el Titánic de la revolución bolivariana se hunde y Dudamel le pone música. “Este último mes no ha sido fácil”, confesó al periodista Michael Cooper en entrevista para la serie Time Talks del New York Times, el pasado 15 de marzo.

Precisamente en esa entrevista Dudamel hace mención a un punto que ha pasado totalmente inadvertido: dijo estar convencido de que “vivimos en el mejor de los mundos posibles” y que se identificaba con el filósofo Pangloss, personaje creado por Voltaire en su novela filosófica Cándido, o el optimista para ridiculizar al matemático y filósofo alemán Gottfried Wilhelm von Leibniz, quien a finales del siglo XVII defendió la idea de que, puesto que no existe efecto sin causa, el mundo en el que vivimos no puede ser sino el mejor de los mundos posibles.

“Cuando estaba leyendo el Cándido de Voltaire,” dijo Dudamel, “me sentí conectado con Pangloss, este filósofo que piensa que estamos viviendo en el mejor de los mundos posibles. Y yo creo eso, porque esta es nuestra vida, estamos viviendo este mundo y tenemos que sentir todos los elementos de la vida: sufrimiento, felicidad, todo este tipo de elementos humanos que necesitamos. Y yo creo que este momento hará a mi país crecer y ser mejor”.

Esta curiosa, más bien desafinada conexión que Dudamel dice sentir con Pangloss se presta para múltiples interpretaciones. Pero comencemos por recordar quién es Pangloss.

Pangloss aparece a primera vista como una especie de filósofo hippie, un idealista cuyas buenas intenciones lo mantienen desconectado de su realidad más inmediata y brutal. Pero pronto descubrimos que es uno más de los tantos aduladores del barón de Westfalia, a quien todos llaman “Monseñor” y le ríen las gracias. Cambiemos Monseñor por Comandante y Westfalia por Venezuela y la simbología se tornará mucho más actual.

Pero la lógica panglossiana pasa de idealista a teneborsa cuando el filósofo defiende que los males del mundo, incluso aquellos creados por los humanos como las guerras, son “indispensables” y que “las desgracias particulares contribuyen al bien general, de manera que a más desgracias particulares mejor va todo”. No es difícil observar que la puesta en práctica de un razonamiento similar en el ámbito político resultó siendo la base de los tantos regímenes fascistas que marcaron el siglo XX y que su aplicación en Venezuela durante quince largos años de chavismo ha llevado al país al borde de la ruina y la guerra fratricida.

Al final del libro, Pangloss aparecerá como lo que en verdad es: un cínico o, en el mejor de los casos, un alma mediocre empecinada en morir equivocada. Así, luego vivir las mil y un tragedias, Cándido le pregunta a su maestro: “¡Y bien, mi querido Pangloss! (…) ¿seguís pensando que todo está perfectamente en el mundo aun cuando hayáis sido ahorcado, disecado, molido a golpes y hayáis remado en galera?” Pangloss acaba por confesar que “siempre había sufrido muchísimo, pero que, como una vez había defendido que todo estaba perfecto, seguía defendiéndolo aun sin creérselo”.

¿Qué es entonces lo que tanto admira Gustavo Dudamel de este oscuro personaje? ¿Sugiere con esta alusión que la Venezuela del chavismo es el mejor de los mundos posibles?

“Estos son tiempos difíciles”, contesta incómodo Dudamel la pregunta que le hace Michael Cooper sobre las protestas en Venezuela. “Yo creo en el derecho de la gente a protestar porque esos son derechos. Y creo que lo importante en este momento es sentarse y pensar. Hay dos formas de reaccionar: por instinto o por la razón. Yo amo pensar, porque de alguna forma es lo que hago.”

“Pero si algo puedo decir es que necesitamos sentarnos y respetar: respetar lo que el otro piensa porque al final eso es la democracia”, continúa. “Venezuela es un país muy joven. Si miras la historia de Venezuela, estos últimos doscientos años, es una historia corta. Es una historia en evolución, pero miro y todavía veo a Venezuela como una bella adolescente que está tratando de encontrar su forma de vivir”. Ciertamente, a ojos de un revolucionario, la revolución siempre es joven.

Dudamel se incomoda aún más cuando el periodista lo presiona preguntándole, palabras más o menos, cuán subjetiva es la razón cuando la violencia se ejerce más de un lado (el del gobierno) que de otro (los manifestantes). “¿Quién tiene la razón?”, contesta Dudamel. “La razón es muy subjetiva… Lo que quiero decir, honestamente, es que yo condeno firmemente la violencia, completamente, venga de donde venga, porque con violencia no llegaremos a ningún punto… Es un tiempo para mi país para la reflexión, para el diálogo muy sincero, respetuoso…”

Dudamel afirma que ha pasado un mes reflexionando, pensando. Debemos interpretar entonces que esas reflexiones han gravitado en torno a la idea de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que Pangloss es un modelo a seguir. Y yo no dudo de que esa sea la realidad particular de Dudamel: un talentoso joven venezolano de orígenes humildes que muy temprano en la vida alcanza fama y fortuna mundial. Pero es imposible escuchar hablar de la Venezuela actual como el mejor de los mundos posibles sin indignarse o cuando menos reírse amargamente. ¿Le dirá Dudamel a las familias de los casi 200 mil venezolanos asesinados por la delincuencia en estos quince años de gobierno chavista que su pérdida, aunque irreparable, ocurrió en el mejor de los mundos posibles? A las miles de empresas expropiadas y hoy totalmente quebradas; a los dieciséis mil empleados de PDVSA despedidos ilegalmente por ir a huelga y a los otros miles despedidos y perseguidos por firmar en el referendo revocatorio contra Chávez en el 2004; a la mitad del país que en las pasadas elecciones presidenciales votó a favor de Henrique Capriles; al país asediado por una inflación oficial de 56% y la escasez de productos básicos como la leche y el papel tualé; a los presos políticos y los estudiantes que hoy se encuentran en la calle protestando porque el chavismo les robó su futuro, o como dicen ellos, les quitó tanto que les quitó hasta el miedo; a todos ellos, ¿les dirá Dudamel que, aunque no puedan verlo, en realidad viven en el mejor de los mundos posibles?

Casi al final, Dudamel ilustra su idea de unión y convivencia: “Cuando toco en mi país tenemos en la audiencia gente que piensa diferente, completamente diferente. Tienen diferentes posiciones sociales, pueden ser pobres, tener dinero, pueden ser de religiones diferentes… Pero cuando estamos tocando, ellos están unidos y no piensan en eso. El Sistema es un símbolo de unión”.

El Sistema es símbolo de unión, sugiere Dudamel, porque mientras la orquesta toca, la audiencia calla y se olvida de sus diferencias. El problema, maestro, es que el único régimen en el que se dialoga en silencio es la dictadura. Las diferencias no son para callarlas ni para esconderlas, sino para expresarlas, debatirlas y consensuarlas. El respeto consiste en reconocer el pensamiento disidente, aunque no se lo comparta, un principio que el mismo Voltaire defendió enérgicamente aun al verse amenazado y perseguido por la Inquisición tras la publicación del Cándido. Tiendo a creer, maestro, que la razón no es tan subjetiva cuando se tiene una bota en el rostro, un fusil en el ano o una bala en la cabeza, mucho menos cuando la Asamblea Nacional de un país conforma una Comisión de la Verdad sin miembros de la oposición y el gobierno llama a sus “enemigos” a dialogar… insultándolos.

Me gustaría saber cómo les explicará Dudamel a los casi 1600 jóvenes detenidos en el último mes por protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro que los perdigonazos sufridos a quemarropa, las torturas recibidas y las vacunas de hasta diez mil dólares que militares y policías les cobran para liberarlos son el mejor de los mundos posibles. O si se atrevería siquiera a defender una idea semejante frente a Marivinia Jiménez, golpeada salvajemente por una militar y luego acusada ella misma, la víctima, de cinco delitos, entre ellos “agresión a tres funcionarios públicos”. Eso, por no mencionar a las familias de los más de treinta venezolanos y venezolanas asesinados en este mes de protestas.

¿De qué sirve, en suma, querer “salvar” al Sistema de las garras destructivas del chavismo si, como dice Gabriela Montero, para entonces ya no nos quedará país?

En la cárcel, Cándido se preguntaba, con ironía: “Si este es el mejor de los mundos posibles, ¿cómo serán los otros?”

El mundo es un lugar muy desafinado, maestro. En sus manos está usar su enorme talento para crear armonía… o contribuir con el caos.

***

Eduardo Fuenmayor es un periodista venezolano y MA in Communications (Concordia University) residenciado en Montreal.

19 de agosto de 2013

15 de junio de 2013

¡Concierto del 8 de Junio en Caracas!


Aquí les pongo una foto del concierto en la sala de conciertos de Corpbanca el día 8 de Junio de 2013 en el marco del IX Festival de Jazz y Nuevas Propuestas Venezolanas.
Me acompaña Leandro García en el piano, en la Batería Miguel Hernández y en el Bajo Carlos Rodríguez.


Fotos: Carlos Hernández

16 de mayo de 2013

Entradas a la venta ¡YA!

Las entradas para el concierto del sábado 8 de Junio ya están a la venta en las taquillas del teatro y aquí  http://www.ticketmundo.com/Categoria/Musica tienen un costo de 200 Bs.

¡Los Esperamos!!

13 de mayo de 2013

Próximo Concierto: Sábado 8 de Junio 2013


El Sábado 8 de Junio estaremos presentándonos en la sala de conciertos de Corpbanca a las 7 pm. 
El valor de las entradas es de 200 Bs. en la taquilla del teatro 
Me acompañará el trío atómico conformado por Leandro García al piano, Carlos Rodríguez en el Bajo y Miguel Hernández en la Batería.

¡Los esperamos!

9 de abril de 2013

¡Próximo concierto!

El próximo concierto será en Caracas el sábado 8 de Junio de 2013 en la sala de conciertos del BOD-Corpbanca en el marco del IXX Festival de Jazz y Nuevas Propuestas Venezolanas.
¡Nos vemos allá!

Fotos del concierto el 20 de Marzo de 2013


¡Vienen videos que están por entregármelos!

Concierto en Bogotá 20 de Marzo 2013


24 de noviembre de 2012

El Corazón de las Tinieblas

Odiar la política y los políticos es un rasgo común de las clases medias ilustradas, tal vez en todos los países democráticos. Según estudios realizados en varios lugares y momentos, el fenómeno tiene diversas razones. Los políticos cometen los mismos errores que las demás personas: dolo, violencia, inmoralidad, abuso, ostentación, sólo que son públicos, se conocen a través de los medios de comunicación.

 Así el ciudadano standard, normalmente pecador, ese que golpea a su cónyuge o a sus hijos, o los maltrata de palabra; el mecánico que cobra repuestos que no cambió, el estudiante que se copia o el profesor que no va a clases, se convierte en juez implacable kantiano, de moral inflexible, del imperativo categórico. Excelsos farsantes, mezquinos, envidiosos, sórdidos, dan lecciones de ética cuando sus vidas privadas son la negación de tal prédica.

 Un estudio hecho en los 80 en EEUU hablaba del microautoritarismo doméstico para explicar el problema. El padre, semidiós de la estructura familiar, autoridad máxima, depósito de la sabiduría para su núcleo, se siente competido cuando otro personaje aparece en el medio mítico, la televisión, que lo opaca en su pequeño dominio, y por eso se siente obligado a descalificarlo: "ese es un imbécil, un ladrón". Así resuelve el reto.

 El odio a la política ha sido causa de las dictaduras. Caudillos de hierro que se yerguen contra los activistas democráticos por su "corrupción", "incompetencia", "engaño", como el Flautista de Hamelin ponen tras de sí las elites cultas, que consideran a los políticos ignorantes, adocenados y mediocres (como ocurrió en Venezuela). Después viene lo que sabemos. No hay proclama de golpistas latinoamericanos que no hable de esos temas.

 Berlin dijo, con su serenidad de entomólogo para estudiar la política, que bastaba que un demagogo fuerte, decidido, sin miedo y capaz se pusiera de frente, para que las elites y la democracia se hincaran. Lenin, Hitler, Mussolini, Pinochet, Castro, son los redentores que nos libran de los males de la democracia con puño de hierro. Viene entonces El corazón de las tinieblas, título de la novela de Conrad, una de las mejores metáforas de la tiranía, la opresión y el sufrimiento humano causados por el Agente Kurtz, un europeo en el Congo.

 Los hipercríticos de la política se convierten en asesinos del sistema. En la etapa canalla de los 90 en Venezuela, para degradar al Congreso, un gran periódico tituló que los parlamentarios gastaban miles de millo- nes en "llamadas calientes" pagadas del presupuesto. Era mentira. Un vehículo de la caravana presidencial atropelló en Zulia a un guajiro y el mismo medio lo presentó casi como si el presidente Pérez hubiera ido conduciendo. Miseria moral. Hoy lloran.

Vale la metáfora. Los partidos políticos son como perros guardianes de la democracia. Ensucian, hacen ruido, huelen mal, de vez en cuando muerden algún vecino. Un buen día por presiones aparentemente justificadas los sacrifican. Y entonces la protección se acaba y las amenazas de la calle hacen de las suyas.

 El Agente Kurtz, (que en la película, Coppola ubica en Vietnam por licencia poética), había embelesado unas tribus en el Congo profundo donde construyó un reinado del horror y se hacía rendir honores de dios. Lo consiguen enteco, enfermo con una mirada aterradora de odio, rodeado de cabezas y cuerpos empalados, su santuario infernal. Había destruido la vida de sus seguidores, que a pesar de eso lo adoraban.

 La opresión puede ser así. Pero fracasa. Los hombres han dado la vida a lo largo de la historia, por la libertad y la felicidad, el amor y la solidaridad. Y no se trata de mera literatura. En el mundo de hoy se han impuesto. La voluntad inflexible del hombre para vivir con dignidad ha derrotado los más tenebrosos mecanismos del horror.

Yoani Sánchez es la prueba viviente que se debe vivir por el riesgo de la libertad y la felicidad. Es la voluntad del bien lo que hizo que el hombre saliera de las cuevas y hoy esté en el espacio sideral, por sobre la natural propensión a la maldad que tenemos en el alma. Shakespeare y Freud demostraron que los seres humanos somos una combinación compleja de instintos animales, moral y voluntad. Lo que va a ser será y no lo detiene nada.

Lo que muere es porque se le acabó la fuerza para vivir y por eso para Unamuno la agonía era la resistencia de la vida contra la muerte. El corazón de las tinieblas no podrá contra eso. Venezuela recuperará la libertad que nunca debió perder.


CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ @carlosraulher
|EL UNIVERSAL www.eud.com
sábado 24 de noviembre de 2012

15 de febrero de 2012

Maruja Muci trajo de nuevo el jazz a Caracas

El Nacional, Caracas, Venezuela 09-Feb 06:01 pm| por Sofía Elena Álvarez

Con Love for sale abrió la función en Caracas, paseándose por temas como Cry me a river, Fly me to the moon, Llanto de luna y Escríbeme


Maruja Muci salió a escena como está acostumbrada: con la sonrisa en la cara. Con un vestido largo y dos flores sobre ondas de cabello rubio, la cantante venezolana hizo escuchar su voz con canciones de sus discos My funny valentine y Escríbeme, aderezado con algunas sorpresas que tenía preparadas para su reencuentro con los escenarios del país.

La segunda temporada de “Trasnocho Sonando” presenta cada miércoles hasta el 28 de marzo parte de las nuevas propuestas musicales que se están dando en el panorama nacional y este 8 de febrero fue el turno de Muci, que con su voz dulce y danzarina selló clásicos de jazz y bolero con su estilo propio.

Con Love for sale abrió la función en Caracas, paseándose por temas como Cry me a river, Fly me to the moon, Llanto de luna y Escríbeme. Las sorpresas llegaron con el tema del italiano Bruno Martino: Estate, con ayuda del pianista Leandro García.

El escenario tuvo además al bajista Eriberto Rojas y en la batería a Miguel Hernández. Como la artista advirtió “fue una noche de barranco” justo la semana que precede al día de los enamorados y así lo reafirmó con Esta vida loca de Francisco Céspedes y El día que me quieras de Carlos Gardel.

Tras despedirse y agradecer a los presentes, no pudo resistirse a las voces que le pedían una última canción y regresó para interpretar Fever, de nuevo bailando por la tarima como quien está justo en su lugar del mundo.