
Desde pequeña tuve contacto con los chilenos a través del mundo ecuestre, su acento siempre me gustó, siempre le hallé una cadencia que me pareció simpática.
Fue ahora que por fin pude viajar a Chile, específicamete a Santiago, su ciudad capital. Me moría de la curiosidad por visitar ese país del que tanto se habla por su orden, su crecimiento económico sostenido, su adelanto con respecto a Latinoamérica, su historia contemporánea reciente.
Sin duda, en Chile se respira un aire distinto al de los otros paises del "Río Grande para abajo" (como lo llamaba mi abuelo) Santiago es una ciudad moderna, dinámica, en pleno desarrollo, con un nivel de vida alto, la seguridad personal es bastante aceptable, los chilenos son gente educada, servicial, cortez, no son gente ostentosa, el que tiene no lo muestra groseramente como estamos acostumbrados por estas latitudes con el dinero fácil del petróleo, es una sociedad conservadora en la que, por ejemplo, la ley del divorcio no esxistía hasta solo unos pocos años.
Tuve la oportunidad de salir a un lugar en la costa a 200 Km apróximadamente fuera de Santiago llamado Zapallar, la vialidad me pareció suficiente y en buen estado, el sitio, es-pec-ta-cu-lar y por supuesto los manjares que allá se comen de mariscos y moluscos y todo lo que viva en el mar son sencillamente deliciosos.


Con buen ánimo regresaría a Chile, me gustó su gente, me gustó su geografía y me gustó la vibra de los chilenos.
Anoche por cierto comencé a leer una novela llamada "La mujer de mi vida" de una escritora chilena de nombre Carla Guelfenbein, me la recomendaron mucho y hasta ahora, lo que he leído va muy bien.