10 de diciembre de 2006

Festival Bancaribe


Hoy tuve el privilegio de asistir de nuevo a un concierto en el Teatro Teresa Carreño de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar dirigido por Gustavo Dudamel. Las palabras se quedan cortas para describir tanta belleza, tanta maravilla. Sin duda que la música, es el lenguaje que nos acerca más a Dios.

El programa que tocó hoy fue el concierto para Flauta y Orquesta No.1 en Sol Mayor KV-313 (1778) de Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791). El flautista invitado fue Andrea Griminelli.
A pesar de que Mozart no le gustaba la flauta, fue capaz de poner de lado el disgusto que sentía por el instrumento y demostrar su profesionalismo para crear una obra de primer nivel. El primer movimiento es muy intenso y el virtuosismo del final con saltos amplios y carrerillas rápidas requieren de un flautista de la talla de Griminelli que estuvo sen-sa-cio-nal.

Lamentablemente hubo una nota discordante y fue que en medio de la cadenza de la flauta, con aquel hilo de música que flotaba levemente en el aire, el público que no respiraba, nadie tosió, nadie se atrevió a moverse, un par de fotográfos ubicados en el balcón lateral derecho se dedicó a disparar 300 fotos por minuto molestando a los músicos y al público con los click que sonaban como un timbal. Demás esta decirles que cuando vino el intermedio encabecé la fila de gente furibunda que se los tragó vivos por ser tan, pero tan faltos de respeto.

Luego del intermedio la orquesta tocó la Obertura de la Pascua Rusa de Rimski-Korsakov, Inspirada en temas litúrgicos de la Pascua Ortodoxa de Resurrección. El concertino que no pasaría de 25 años se lució. Esta pieza en particular es bellísima, emocionante!

A continuación, el Concierto para Violín y Orquesta en Re Mayor, Opus 35 (1878)
de Piotr Ilyitch Tchaikovsky (1840-1893). El viloinista invitado fue Joshua Bell.
Es curiosa la historia de este concierto que permaneció guardado en un cajón por cuatro años al ser declarado inejecutable por el gran virtuoso Leopold Auer. Sería otro violinista, Adolph Brodsky, que se atrevió a tocarlo convirtiéndolo en parte de su repertorio a pesar de la mala crítica que recibiera en un principio.

La técnica del violín esta en constante cambio, y los estudiantes de hoy dominan como cosa de rutina lo que hasta ayer eran terribles dificultades.
Joshua Bell, se lució, y el público venezolano, que definitivamente es muy agradecido, lo ovacionó largamente.

Mi favorito sin embargo sigue siendo Gustavo Duadamel.
De que forma conduce la orquesta!, como saca lo mejor de cada músico!, como se conecta con cada uno!. La sencillez, el carisma, el virtuosismo de este muchacho no tiene medida. Dudamel es de los pocos que es profeta en su tierra.
Ya lo dije en otra oportunidad, él en otra vida, condujo la orquesta de los dioses.

Un aplauso al Banco del Caribe, banco de gente seria, que apoya esta iniciativa!

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